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Afilados lances

enero 13, 2007

-¡Oh amo Marcus!, no hay argumento más valido que el propio silencio.
-Ni verdad más necia que la que ofrece la ausencia de palabras, no leal Jarbik, no, la verdad se construye dudando de la que uno mismo se trabaja.
-Solo si quieren y os dejan.
-No a tal, ya que luchan una batalla con lances más afilados que el mismísimo ejercito del rey Carlos.
-¿Y acaso vos no la deseas?
-¡Pardiez!, ¿por quién me tomáis?, no procuro mas que la ansiada paz amordazada por tales afrentas.
-Se ofende aquel que tiene motivos ciertos al considerar las palabras, al verse manifiesta su verdad o su mentira.
-Y aquel que ama y se ve sorprendido por calumnias infundadas, y más dolorosas son querido Jarbik, ya que en la punta de cada silaba siseada, pregonada o declamada, se esconde la más pavorosa ponzoña que en mi larga vida he hallado.
-En buen gatuperio os habéis metido.
-Mas justo sería citar, que en buena me han querido embutir, ya que de lo que pretendía a lo que haya querido ser visto hay un trecho tan largo como las leguas per corridas por las legiones de Julio Cesar.
-Nada se escapa a la justicia del destino señor, afrentas lloradas serán juzgadas y sentenciadas con mayor castigo que el daño infringido.
-En tal también erráis mi fiel escudero, ¿Cuántos hombres de muerte y odio han perecido en plena felicidad, después de una larga vida degollando y sentenciando en su nombre real? ¿Cuántos infelices yacen en el frio suelo de la campiña sin más placer que el de una puta de posada y una insípida cerveza de muerto cuerpo? Ni en mil vidas podría creer en justicias divinas, ya que divinas son las mentiras que harto se replican como verdad.
-¿Blasfemáis señor?
-De un Dios no hablo, para el hombre son los aires de mi boca, y no excluyo a la mujer, astuta creación por un mundo que las ha echado en tierra; para vos también son, ya que habéis malinterpretado mis últimos términos.
-Señor…yo…
-No os preocupéis, habéis preguntado al dudar de vuestro entendimiento, pero errores remendados con débil hilo se sujetan, mas repito mi deseo, no os preocupéis no bajéis la cabeza en esta ocasión, mentiras y dagas de verbo malvado se han clavado en mi pecho y vuestra desacertada creencia sobre mí no pesa más que la duodécima parte de la duodécima parte de una onza…mas ahora dejadme tranquilo, hoy hay un duelo que librar y no debo hacer esperar a los que ansían mi enemistad, ya que frotan sus manos deseosos de verme rodeado de pino y tierra y, ¿quién si no yo puede agasajarles con la felicidad?

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