h1

El tiempo no espera

enero 16, 2007

El reloj de pared repicaba con la monotonía de un ritmo inmutable, marcando los instantes inapreciables que van de un segundo a otro. Vicky se sentaba en una de las mesitas de porcelana de aspecto Isabelino que tantos cafés y colillas soportaban cada día, al paso de cada clienta o cliente. La cucharilla removía el frio café al compás de un tiempo sin marcha atrás. Estaba absorta, decidida a salir de aquel lugar, coger el viejo Fiat y correr al ritmo de su atormentado corazón, los trescientos quilómetros que la separaban de Sara, pero su miedo vencía al fuerte apetito de abrazarla. A cada guiño se preguntaba que había hecho, deseaba con la certeza de un sueño luchado poder regresar al pasado, o tener en el presente la oportunidad de decir un lo siento comprendido y aceptado, se sentía culpable a pesar de que sus intenciones sobre Sara habían sido tan honestas como el infinito dolor que su mente no dejaba escapar, siempre presente, hasta los nocturnos sueños de ojos despiertos. Ni siquiera llegaba a comprender cómo había sido tan mal interpretada, como una simple carta había quebrado una amistad sin fisuras, sincera y llena de una recompensas que la hacían sentir importante.
“Si me escuchara”, “Pero…nunca me quiso” Miles de preguntas y reflexiones avanzaban como torbellino de pensamientos cansados, en búsqueda de salidas imposibles y verdades de poco fundamento que la conducían a la mayor de las frustraciones.
Debía hacerlo, dejarlo todo y marchar hacia lo desconocido de un encuentro difícil y debía hacerlo en aquel momento, sabía que si no era así llegaría a arrepentirse toda una vida.

“En pocas horas todo habrá pasado” pensaba esperanzaba mientras encendía el coche y tomaba dirección León. En la radio sonaba una triste canción que hablaba de un adiós no querido, decidió cambiar la emisora, poner algo más alegre; sin saber porque, se sentía mejor a pesar de todo, quizás la esperanza hacía que sus ojos brillasen nuevamente con total ilusión. Sonreía con ferviente alegría, “Todo se arreglara, todo volverá a ser como antes”.
La noche se acercaba y con ella el cansancio, poco le quedaba para llegar a su destino y en aquel momento solo soñaba con sentir el calor de los brazos de su amiga, nada podía salir mal, seguro que se perdonarían repartiéndose las culpas y continuarían con más fuerza el trayecto que juntas tenían que caminar.
El sueño y una curva de bordes arbolados la durmieron para siempre, nunca llego a su ansiada meta, y en el mismo momento que el corazón de Vicky dejaba de latir para siempre, su teléfono móvil comenzaba a sonar, en la pantalla el nombre de Sara se dibujaba al ritmo de una canción ya nunca más escuchada por los oídos de su amiga.

null

No pienses nunca mal de nadie. Pensar mal es la mejor manera de que las buenas obras de los demás no te sirvan de edificación
(Thomas Carlyle)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: